sábado, 18 de agosto de 2012

¿Pura provocación? En defensa de una escolarización pública, laica, y obligatoria


Entiendo que algunos se acerquen a este texto – si es que alguien se acerca – esperando encontrar en él alguna ironía; siento decepcionarles. Yo, irremediablemente, creo en la necesidad de una acción social pedagógica, consciente y dirigida, si queremos que tenga alguna posibilidad y sentido, el hecho de que estos homínidos parlanchines y fantasiosos que somos continuemos habitando este planeta que nos dio a luz. No pido de nadie, evidentemente, que comparta mi creencia, y animo a cualquiera a cuestionarla y contradecirla, pero eso no cambia el hecho de que sea mi creencia.

La idea malograda de un ejercicio pedagógico que entregara a los hombres (y mujeres) las herramientas que les permitieran sacudirse el yugo de la autoridad y la superstición, arrancándose a sí mismos, como decía Kant, de esa minoría de edad autoinflingida, que sentaría las bases de una sociedad, fraternal, libre, e igualitaria, inevitablemente aún palpita en los corazones de unos cuantos. No fue más que una idea, porque la instrucción pública, respondió a otros propósitos expresamente formulados,  por mucho que asimilaran las luces de la ilustración.  Pero aún quedan jacobinos – esa encarnación pura del mal en el ideario político al uso.  Analicemos la propuesta

 Son los hombres y las mujeres, los que deben salir de esa minoría de edad inducida, por lo cual es sobre los adultos, sobre quién hay que ejercer esta acción educativa, pues son ellos los prisioneros de la superstición y la autoridad y son ellos los que precisan liberarse. Somos ellos, es decir, somos nosotros.  A los niños, en tanto lo son, hay que dejarles ser niños en paz, y los adultos los que obligatoriamente deben aprender a estar alerta ante cualquier ejercicio que niegue la libertad, la autonomía, la isonomía, la razón común.

2º El objetivo pedagógico manifiesto, es permitir la autonomía, una libertad no condicionada por una autoridad arbitraria.

3º El procedimiento implícito es procurar herramientas que permitan esa labor crítica.

Dicho lo cual, considero necesaria la escolarización obligatoria de los adultos, de todos, sin distinción de sexo, raza, clase social, ideología, credo o falta de él. Cómo los adultos tendremos que asistir obligatoriamente al recinto escolar, a someternos los unos a los otros a la razón común y el beneficio común, será irremediable que la escuela y el trabajo productivo estén estrechamente asociados, lo que permitirá de otro modo, que todo adulto tome parte en todo proceso productivo de bienes formándose así una idea de conjunto, que haga más sencillo el ejercicio de la autonomía personal y de la escuela-granja-taller a la que asista, sin crear conflictos innecesarios con otras areas-escuelas-productivas, de las que conoce el funcionamiento.

Ahora bien, a los niños hay que dejarlos en paz pero no se los puede, ni se los debe dejar solos, razón por la cual el tiempo de escuela tendrá que ser reducido para que los adultos, especialmente, madres, padres, y otros parientes, dediquen su tiempo a los niños. Pero no se os escapa, que puesto que todos los adultos deben ir a la escuela obligatoriamente, necesariamente en horario escolar los niños que no quieran o puedan andar solos con otros chiquillos explorando el mundo, tendrán que asistir con los adultos a la escuela, lo cual puede ser muy enriquecedor, ya que aunque se ven obligados a asistir, no recae sobre ellos ninguna obligación escolar y como han de ser partícipes de algún modo de todo el proceso, serían algo así como la figura del maestro, la representación de la única autoridad que nos hemos permitido reconocer, nuestras verdaderas necesidades y nuestra capacidad de satisfacernos.

Soy consciente de que esta propuesta movería a la indignación a las almas liberales, e incluso a gran parte de las libertarias, y comprendo que tomaran ante ella la más dura de las posturas aunque exigiese actos normalmente repudiados, y que hablarían del gulag, de los campos de reeducación, de la ingeniería social… y sin duda harían bien. A mí sólo me queda preguntarles si han mirado bien a su alrededor.

Al fin y al cabo, aunque suene raro en castellano, una escuela de hombres y mujeres, es más sencillo representárselo como el que dijese en inglés a school of dolphins, a school of whales.

Al final igual sí hubo algo de ironía. Claro, la ironía es afirmar lo que se niega o negar lo que afirma.